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De vez en mes

Nunca hubiera pensado que alguien se pudiera permitir escribir una canción sobre el tema que trata esta canción, y encima que quedara algo elegante. Pero en fín, juzgad vosotros mismos.

Esta entrada va dedicada a todas las mujeres a las que les cambia tanto el humor cuando están en un de esos días, para que el mes que viene le dediqueis una sonrisa a esa “broma pesada” de vuestra naturaleza femenina. ^_^

De vez en mes

De vez en mes te haces artista Dejando un cuadro impresionista Debajo del edredón

De vez en mes con tu acuarela Pintas jirones de ciruelas Que van a dar hasta el colchón

De vez en mes un detergente Se roba el arte intermitente De tu vientre y su creación, Si es natural cuando eres dama Que pintes rosas en la cama Una vez de vez en mes…

De vez en mes La cigüeña se suicida Y ahí estas tú tan deprimida Buscándole una explicación

De vez en mes El cielo te roba el milagro El tiempo te hace un calendario De una vez, de vez en mes

De vez en mes Tú me propones Huelga de hambre Yo algo de imaginación.

De vez en mes la luna nueva Viene a quitar lo que renueva Y a colocar otra ilusión

De vez en mes soy invisible Para intentar en lo posible No promover tu mal humor

De vez en mes no hay quien te aguante Y es tu pecado estar distante Y otro peor quedarme ahí Y aunque hay receso obligatorio Y el cielo se hace un purgatorio Te amo más de vez en mes

De vez en mes La cigüeña se suicida Y ahí estas tú tan deprimida Buscándole una explicación

De vez en mes El cielo te roba el milagro El tiempo te hace un calendario De una vez, de vez en mes

De vez en mes Tú me propones Huelga de hambre Yo algo de imaginación.

De vez en mes Tu vientre ensaya para cuna Tu humor depende de la luna Y yo te quiero un poco más

De vez en mes A ti te da por tomar siestas A tus hormonas por las fiestas Y el culpable siempre yo

De vez en mes No hay más reloj que el de tu cuerpo No hay más luz que la que das De vez en mes

Ricardo Arjona

A menudo ocurre que lees tal o cual libro en el momento idóneo, en ese instante o con ese humor que te permite crear un lazo especial con las palabras que estás saboreando. Ocurre también, sin embargo, que a veces relees el mismo libro llevado por el recuerdo de esa primera lectura tan grata y el libro parece haber cambiado, parece ser otro (aunque realmente, el que es otro es el propio lector).

Os dejo un fragmento de un relato de Benedetti donde refleja muy bien este tipo de experiencia.

No obstante, algún domingo, cuando la soledad se volvía silencio insoportable, sacaba el bolso del armario y extraía algún recuerdo; sólo uno por vez, para no abrumarme. Así tuve en mis manos un libro que fue de cabecera y que debo haber leído unas veinte veces, pero ahora me metí en varias de sus páginas y no me dijo nada, no me preguntó ni me respondió nada, me fue ajeno. Así que lo tiré.

Bolso de viajes cortos. Mario Benedetti

Este fragmento está extraído de El collar de la paloma, un libro que fue escrito por un poeta cordobés hace casi mil años. Es curioso que, después de tanto tiempo, el amor siga despertando experiencias y sensaciones parecidas en las personas. Da qué pensar.

En suma, es el amor una dolencia rebelde, cuya medicina está en sí misma, si sabemos tratarla; pero es una dolencia poderosa y un mal apetecible, al extremo de que quien se ve libre de él reniega de su salud y el que lo padece no quiere sanar. Torna bello a los ojos del hombre aquello que antes aborrecía, y le allana lo que antes le parecía difícil.

Ibn Hazim de Córdoba.

A buen entendedor…

Líbranos, Señor,

de encontrarnos, años después,

con nuestros grandes amores.

Cristina Peri Rosi

Los torpes

Una simpática reflexión que encontré por la web.

Las discotecas cierran a las ocho de la mañana porque hay gente muy torpe que necesita mucho tiempo para ligar. Si todos lo jóvenes fueran realmente seductores, la noche terminaría enseguida. A la una de la madrugada cada pareja estaría en su respectiva madriguera trabajando el amor y en las salas de fiestas sólo quedarían los camareros, pero ahora en la seducción también hay democracia y la música de las discotecas no cesa hasta que no liga el más desgraciado del local. Cenados y bien acicalados, los jóvenes inician la competición pasada la medianoche. En la oscura parrilla del viernes o del sábado, las mesnadas se concentran para abrevar en los lugares consabidos antes de que se efectúe el disparo de salida. Entonces se les ve avanzar en hacinados automóviles hacia las salas de fiestas traídos por una estrella de láser que desde el espacio les indica el camino. Dentro de cada discoteca se produce muy pronto una selección natural. Los rostros más atractivos se buscan entre ellos, las miradas más sugestivas comienzan a crear nudos ineludibles, el aura de unos cuerpos se va acoplando de forma magnética a otros cuerpos similares. Todo el trabajo de las hormonas se realiza en la primera hora de música. El resto de la noche ya no es naturaleza, sino un subproducto cultural. Alrededor de las dos de la madrugada, a los jóvenes más seductores de ambos sexos ya les sobra el alcohol y la música para alcanzar su objetivo. Gracias a la belleza, la pieza deseada ya está en sus brazos y con ella desaparecen en la oscuridad. Los que no logran superar el primer obstáculo permanecen en la fiesta para ver si surge una segunda oportunidad. Suele ser gente terciada que no liga hasta el aura clareada espoleada por la frustración. En la discoteca sigue la música con el sol en el tejado. Allí sólo quedan los torpes, los que a lo largo de la noche no han encontrado ni una sólo mirada. Dentro del resplandor del día, el cansancio tal vez les deparará otro resto del naufragio. Cuando se agarren a ese madero cesará la música.

Manuel Vicent

Toda la vida de golpe

No hace mucho colgé un fragmento de la novela Las horas se ríen de mí, de Óscar Prieto; tenía un par de citas de esa novela que me gustaron especialmente, y hoy, al reelerlas me he dado cuenta de que pierden fuerza al descontextualizarlas y sacarlas de la novela, al no leerlas como parte de una historia que ya te ha atrapado, y en la que cobran un sentido aún más profundo, pero aún con todo, esta pequeña parte que os dejo aquí es toda una joya por sí sóla. Espero que os haga pensar al menos un poquito.

Si la vida se presentara entera, de una vez, y a la vez se pudiera ver desde todos los ángulos posibles, a la vida y a todas las cosas de que está hecha -los árboles, los océanos los caminos y los ríos, en especial el río en que naciste, no todos los amaneceres, pero si casi todos los atardeceres, las traiciones y las revoluciones, las esperanzas y los desasosiegos, un buen vino y la sangre: la que mana en un parto, la que se arranca en un asesinato y la que se rinde en el corazón de los suicidas- y a todas las personas que le dan vida -los padres, siempre, los abuelos, siempre, los hermanos, siempre, los amigos, siempre; los amores, los que se rompieron y los que nunca florecieron; los que estaban a tu lado sin saberlo, los que pasaron, el que nunca llegó y el que se quedó para siempre; los odios, casi todos nacidos del orgullo, que se quedan atravesados en la laringe y quitan el aire y provocan tos seca; los portadores de buenas noticias, los portadores de malas noticias, que se olvidan más difícilmente; los desconocidos y el profesor de Literatura que pidió a todos los alumnos que escribieran un soneto y les leyó como ejemplo uno de Lope- si así fuera, si realmente así fuera, de esta manera y la vida se presentara así toda de una vez y desde todos los ángulos posibles, entonces el hombre nunca alcanzaría su sentido, porque el sentido sólo se revela en el misterio a quien penetra en la senda que nunca podrán ver los ojos.

Las horas se ríen de mí, Óscar Prieto

Curioso punto de vista

Os dejo un pequeño fragmento que me envía Guada de una novela titulada El curioso incidente del perro a medianoche; una historia tan original como su título y que está cosechando cierto éxito desde que se publicó; narra los esfuerzos de un niño autista que intenta descubrir quién mató al perro de su vecina (si mal no recurdo era así). Además es una novela breve, por lo que su lectura puede ser muy llevadera.

“El señor Jeavons, el psicólogo del colegio, me preguntó una vez por qué 4 coches rojos seguidos hacían que fuese un Día Bueno, y 3 coches rojos seguidos un Día Bastante Bueno, y 5 coches rojos seguidos un Día Súper Bueno, y por qué 4 coches amarillos seguidos hacían que fuese un Día Negro, que es un día en que no hablo con nadie y me siento a leer libros solo y no almuerzo y No Corro Riesgos. Dijo que yo era una persona muy lógica, y que le sorprendía que pensara de esa manera, porque no es muy lógica.

Le dije que me gustaba que las cosas siguieran un orden preciso. Y una manera de que las cosas siguieran un orden preciso era siendo lógico. En especial si esas cosas eran números o un razonamiento. Pero había otras formas de poner las cosas en un orden preciso. Y por eso yo tenía Días Buenos y Días Negros. Le dije que hay personas que trabajan en una oficina y que al salir de casa por la mañana ven que brilla el sol y eso hace que se sientan contentas, o ven que llueve y eso hace que se sientan tristes, pero la única diferencia es el clima, y si trabajan en una oficina el clima no tiene nada que ver con que tengan un buen día o un mal día”.

“El curioso incidente del perro a medianoche” Mark Haddon

El placer de la lectura

He leído hace poco la novela Coltán, de Vázquez-Figueroa, y aunque no es exactamente lo que yo esperaba (creía que tocaría más de cerca el problema de la guerra que la extracción de este mineral está causando desde hace años en el Congo, y el silencio de los medios de comunicación dada la cantidad de intereses que hay de por medio), lo cierto es que me gustó bastante un párrafo de la solapa; os transmito la idea:

Quien tiene el ejemplar en sus manos, tal vez rodeado por otros miles de libros que también llaman su atención, puede hacer dos cosas: dejarlo donde está o dedicar un minuto y medio a leer su primera página. Si lo hace, lo más probable es que pase las próximas horas deseando acabar de leerlo, pero lamentándose por el hecho de que cada vez le queden menos páginas para llegar al final. Esa es la gran diferencia entre leer una novela y “devorarla”. Un libro apasionante es como el sexo apasionado: se anhela alcanzar el climax cuanto antes aún a sabiendas de que más tarde nos invadirá una sensación de profundo vacío al echar de menos el hermoso cuerpo que hemos acariciado.

¿Y tú? ¿Has sentido alguna vez esa sensación?

Ulises en aguas de Ítaca

Es incalculable la cantidad de obras de todo tipo que ha inspirado la eternamente famosa Odisea de Homero. En este caso, un poema que me enamoró la primera vez que lo leí, de un autor de quien, confieso mi total ignorancia, no he leído nada más que tres poemas contados. Espero subsanar pronto esta carencia.

Vas llegando a la isla, ahora sabes

qué es el azar. Vivir, qué significa.

Tu arco será polvo en un estante.

Polvo será el telar y la pieza que teje.

Los pretendientes, que en el patio acampan,

son sombras de los sueños de Penélope.

Vas llegando a la isla mientras bate

el mar contra las rocas de la costa,

igual que el tiempo contra la Odisea.

Nadie tejió nunca tu ausencia. Nadie

vino tampoco a destejer tu olvido.

Por más que, a veces, la razón lo ignore,

Penélope es la sombra de tu sueño.

Vas llegando a la isla: las gaviotas

cubren la playa y no se moverán

cuando al pasar no dejes huella alguna,

pues tu no existes: eres la leyenda.

Quizá un lejano Ulises murió en Troya,

y quizá lo lloró alguna mujer,

pero en el sueño de un poeta ciego

continúas salvándote:

en la frente de Homero, riguroso,

eterno, cada vez que rompe el alba

un solitario Ulises desembarca.

Joan Margarit

Instrucciones para llorar

Desenterrar los amores olvidados,

recuperar los besos huidizos,

desemplovar montones de fotos viejas

y arañar los momentos que recogen.

Leer una página al azar de tus diarios

(en el caso de tener alguno a mano).

Revivir aquel momento en que las promesas de la infancia

dejaron de parecerte importantes.

Y apenas te importó.

Chocar con la certeza de que hoy, ya es tarde para algunas cosas,

repasar la antología de cosas que no dijiste

y debiste haber dicho;

de cosas que no hiciste

y debiste haber hecho.

Arrancar del olvido los primeros viajes,

los primeros besos,

las primeras conversaciones que te hicieron sentir que la palabra era algo especial,

las primeras borracheras en noches que apenas duraban segundos,

y en las que no cabía una risa más.

Pensar dónde estará ella y con quién.

Y por último, apagar la luz, tumbarte en la cama,

y pensar en las cosas que ya no tienen arreglo.

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